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Año XI  22/12/2011 17:29 "Año 53 de la Revolución"

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El combate del Uvero (I)
WILLIAM GÁLVEZ
Este sencillo monumento perpetúa el combate sostenido entre el Ejército Rebelde y tropas de la tiranía batistiana, al amanecer del 28 de mayo de 1957, que constituyó una de las primeras victorias de las armas revolucionarias.

Para hacer esta narración, nos basaremos en el Diario de Campaña de Che Guevara y sus Pasajes de la Guerra Revolucionaria, pero como sus escritos no guardan un orden cronológico, a manera de hacer más completa la historia, complementamos sus notas con nuestra investigación, para darle al lector mayores conocimientos de una importante acción donde, a decir del propio Che: "El Ejército Rebelde se vistió de largo".

Antes de ocupar las posiciones, los atacantes se detienen a 1 500 metros al oeste de Uvero, donde se ordena dejar las mochilas y revisar las armas, al tiempo que pueden descansar de la larga caminata. Rondaba la media madrugada del 28 de mayo. El nombre del lugar, aunque no agradable: Agua Hedionda, les permite reposar un buen rato. Allí el Comandante reúne a los oficiales y prácticos para precisar los últimos detalles de la operación. El haz de luz de una linterna sirve a Gilberto Caldero para hacer los trazos en la tierra de las instalaciones cuartelarias y los demás existente en el terreno de la acción. La principal defensa del objetivo: postas externas de 3 a 4 soldados con bolos a su alrededor. Al estar situado frente al mar, hay que atacar por 3 direcciones. Terminado el señalamiento, el Comandante imparte las misiones:

El capitán Jorge Sotús (traidor), con unos 20 rebeldes, tomados de su pelotón y el de Guillermo García, que a su vez irá como segundo al mando y responsable de manipular la trípode, debe avanzar a lo largo del camino de la playa por el flanco derecho en el Oeste. Su objetivo principal: liquidar la posta 1, la más guarnecida, y posteriormente atacar el cuartel.

El capitán Almeida, con igual número de insurrectos: tomar la posta 2 y seguir hacía el cuartel, pasando por las instalaciones de maderera, que están frente a la guarnición, más o menos al Norte. El arma principal: un fusil ametralladora manipulado por Luis Argelio González Pantoja.

Los tenientes Camilo Cienfuegos y Efigenio Ameijeiras, jefes de la vanguardia y retaguardia respectivamente, con unos 8 combatientes cada uno: atacar por el flanco izquierdo —al Este— a la posta 3, tomarla y avanzar hacia el cuartel. Che: con 3 hombres y su fusil ametralladora apoyar la acción de los anteriores.

El capitán Crescencio Pérez, con 15 combatientes, debe tomar la posta 4 —más al Este—, y cuidar el camino que viene de Chivirico, ubicado entre la pista de aterrizaje y la costa, con el fin de rechazar cualquier refuerzo que pueda venir en esa dirección, y a la vez evitar la retirada de los militares que serán sitiados. También cuenta con una ametralladora trípode a cargo de Francisco Maderal.

El capitán Raúl Castro, con unos 30 insurrectos, queda de reserva para actuar por orden del Comandante donde lo requiera el desarrollo del combate. Aunque con su fuego apoya el avance de los restantes atacantes. Cuenta con una trípode manejada por el teniente Nano Díaz y una bípode manipulada por Reynero Jiménez. Su posición es una pequeña altura detrás de la de Almeida. Una orden debe tener bien presente: no disparar bajo ningún concepto en dirección de las viviendas del vecindario.

Un poco más arriba se instala el Estado Mayor: el jefe rebelde, Celia Sánchez, Julio Díaz, Luis Crespo, Universo Sánchez, Manuel Fajardo, los prácticos Gilberto Caldero y Eligio Mendoza. Las armas disponibles también apoyan el avance revolucionario. Un disparo de Fidel será la señal para iniciar el combate.

MARTES 28 DE MAYO

CHE: "Al aclarar nos encontramos con la desagradable realidad de que el cuartel no se veía. Algunos grupos como el de Camilo equivocaron la dirección y a otro, Jorge (Sotús), le dieron mal los informes y su grupo no dominaba el cuartel como le habían dicho. Mi posición me permitía tirar sobre el cuartel a unos 500 (50) ms..."

Realmente, las escuadras de Camilo y Efigenio en la oscuridad de la noche equivocan el rumbo, y lo hacen a la izquierda del gaucho, en vez de a su derecha.

Sotús, con el guía Domingo Hernández, avanza por el flanco derecho del camino de la costa hasta tres bohíos cerca de la posta 1. Pasan por uno de ellos y una parte se dirige a la orilla del agua. En busca de un buen emplazamiento, Guillermo, con la trípode 30 y sus 3 ayudantes, camina por detrás de las viviendas, hasta que decide situarse en una pequeña hondonada entre un extremo del corral y de espaldas a la playa. La intensa oscuridad evita percatarse que se encuentran a poco menos de diez metros de la posición enemiga. Este es el único inconveniente que confrontan los integrantes del pelotón de Sotús, no el que anota Che.

CHE: "Yo estaba colocado en una pequeña elevación de terreno y dominaba el cuartel perfectamente pero quedaba muy lejos, por lo que avanzamos para buscar mejores posiciones..." (Verde Olivo, 4 de febrero de 1962, pp. 3-6).

Veamos también que le sucede a Crescencio: El guía que llevan considera que han llegado a su destino, y despliega a los hombres en un trillo que viene del caserío, antes del punto escogido. Además de este error, se extravía el que porta la cinta de la ametralladora y cuatro rebeldes se quedan atrás, dormidos. El primero no aparece durante el combate y los restantes actúan separados de su unidad.

EL EJÉRCITO: Hasta el 28 de mayo de 1957, los días, noches y madrugadas de los aforados destacados en el cuartel de Uvero han sido similares, nada altera la cotidiana rutina. La temperatura es alta y esto motiva que la mayoría de los militares, en su tiempo de descanso, anden en paños menores, echados en hamacas o colchonetas en el suelo. Ningún ruido ha interrumpido el sueño. Las postas, en las posiciones exteriores, están ansiosas porque el reloj acabe de marcar la hora del relevo. Tampoco ellos han avistado nada anormal. Y es así, pues el despliegue de los insurrectos es tan silencioso y cuidadoso que no pueden percatarse de ello.

LOS REBELDES: Ansioso también, el comandante espera que el sol, aunque sin salir aún, produzca la semiclaridad de los amaneceres que le permita divisar las instalaciones entre la loma y la playa. Mientras, indaga donde se encuentra la planta telegráfica. Con conocimiento del objetivo, el jefe rebelde busca un lugar desde donde pueda hacer disparo efectivo, y lo encuentra a la derecha de la pequeña planicie, a unos 20 metros más abajo de la elevación escogida de Puesto de Mando. Alrededor del certero tirador se posicionan quienes lo acompañan.

EL EJÉRCITO: Como de costumbre, uno de los guardias del cuartel comienza a despertar a los relevistas de las postas. Para la mayoría de ellos es ya normal comenzar el cotidiano quehacer a las 05:00 horas; entre estos, el jefe de la unidad y el telegrafista, quien lentamente se pone el pantalón del uniforme, se calza y con toda su calma va a la mesa de telegrafía, y prende la planta para enviar por el método Morse la conocidísima frase: "Uvero sin novedad".

LOS REBELDES: Fidel se acomoda lo mejor posible y apunta. La cruz dentro del círculo, en el cristal de aumento de la mirilla telescópica, se mueve muy despacio sobre al cañón del fusil hasta que se detiene en el blanco. Con delicada suavidad va oprimiendo el gatillo hasta que el disparo lo sorprende.

EL EJERCITO: Más sorprendido aún está el soldado telegrafista. El ruido del disparo, unido al que ocasiona la destrucción del aparato, lo deja paralizado por un instante. Sin embargo, reacciona con rapidez, considerando que es un tiro zafado y corre a asomarse a la ventana. Fatal consideración. Un nuevo disparo lo derriba herido.

De igual forma piensa el teniente, pero fracciones de segundos lo sacan del error. El detonar de cerca de cien armas lo ensordecen, se lanza al piso y grita: "¡Nos están atacando¡". Al unísono los presentes lo imitan. Algunos van al suelo, pero muertos o heridos. Las paredes de madera son fácilmente atravesadas por las balas. Los que pueden, una vez en el piso se arrastran en busca de sus armas. Para los que han salido afuera la situación es la misma. Unos caen alcanzados por las balas y otros corren hacia sus fusiles, conscientes de que fuera de la instalación hay mayor protección debido a los bolos de madera; salen y se parapetan respondiendo a los atacantes.

CHE: "Apenas se dio la orden de fuego, por medio del disparo de Fidel empezaron a tabletear las ametralladoras. El cuartel respondió al fuego y con bastante efectividad, como luego supe. La gente de Almeida avanzaba a pecho descubierto impulsado por su ejemplo temerario. Veía avanzar a Camilo con su gorra adornada con el brazalete del 26 de julio..."

LOS REBELDES. Ciertamente Almeida y sus hombres avanzaban por un terreno con escasa protección. Una vez vencido el obstáculo, Camilo y Efigenio inician el fuego contra los defensores de la posta 3. Estos responden de inmediato: un disparo le tumba el fusil a Raúl Barrera, hombre de Efigenio, y una esquirla le hiere en la mejilla, produciéndole mucho sangramiento y más nada. Controlada la sangre, el joven recupera el arma y sigue combatiendo.

Los integrantes del pelotón de Crescencio abren fuego contra la posta 4, y sus ocupantes la abandonan de inmediato para ir a esconderse entre las viviendas del lugar. Los de la posta 5, en el camino a Chivirico se unen a la 6, protegidos por los bolos del pequeño muelle. La ametralladora de Crescencio sufre la rotura de la aguja percutora, y queda fuera de combate. El resto de ese pelotón se ve imposibilitado de disparar en estos instantes sobre el cuartel, pues pueden hacer blanco en sus compañeros que atacan a la posta 1.

CHE: "Yo andaba por la izquierda con los dos ayudantes llevando peines y (Manuel) Beatón con la ametralladora de mano. Pronto se nos unió el renguito de Pilón (que llamaban Bomba), del pelotón de Crescencio, Mario Leal de la retaguardia y (Manuel) Acuña el viejo de Raúl. Seguimos avanzando y dos (soldados) que corrieron hacia el Batey escaparon a la acción de mi Medzen. Seguía el duelo pero cada vez estrechábamos más el círculo.

"Cuando ya no quedaban matas para irnos arrastrando cayó cerca mío el viejo (Mario) Leal y fui a prestarle auxilio, tenía una herida en sedal en la cabeza, pero había interesado la masa encefálica a la altura de la circunvolución parietal izquierda y no podía mover la mano derecha. Le eché un poco de aire, tapé la herida con un papel y se lo encargué a Joel (Iglesias) mientras yo atendía la ametralladora, casi enseguida sin embargo se rindió el cuartel y las postas..."

"En frente mío, a 15 ms. se rindió el soldado (de la posta 3) que hiriera a Leal y a Acuña el viejo. Me llevó al consultorio donde estaban trancados el médico y su asistente que (se) entregaron prisioneros, empecé a recorrer las casas y recolecté dos prisioneros. Enseguida empezaron a caer los heridos y brindamos los primeros auxilios. Leal estaba grave, (Rigoberto) Cilleros con una herida en el brazo que se lo había fracturado y otra con orificio de entrada en el pulmón derecho alojada en la columna, estaba moribundo..."

· El combate del Uvero (II)
· El combate del Uvero (III)
· El combate del Uvero (IV)

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Fuente: EXCLUSIVO, 27/05/06
 
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