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Año XI  22/12/2011 17:29 "Año 53 de la Revolución"

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Una carga para matar bribones
HÉCTOR ARTURO
El 26 de julio de 1953 esta fortaleza, segunda en importancia del país, fue atacada por un grupo de jóvenes pertenecientes a la Generación del Centenario, quienes liderados por el joven abogado Fidel Castro Ruz reiniciaron la lucha emancipadora del pueblo cubano por su definitiva independencia.

Era Julio y era 26. Era 1953 y era la mañana de la Santa Ana. Los santiagueros arrollaban tras las congas de sus carnavales y muy pocos recordaban que era el Día de las Abuelas, porque nada tenían para regalarles, a no ser un beso y un te quiero.

Un grupo de jóvenes no durmió y no bailó al compás de la trompeta china por Enramada, la Alameda o la Carretera del Morro de Santiago de Cuba, cuna de grandes y valientes.

Al amanecer, cuando los rayos del sol anunciaban que cualquier día podría ser de nuevo el de Yara o en el Baire, partieron con escopetas de cazar pájaros para disparar contra los muros de la infamia y empezar a cambiar todo lo que tenía que ser cambiado.

Resurgía la Revolución Cubana. La misma de Carlos Manuel de Céspedes, Calixto García, Bartolomé Masó, Antonio Maceo, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez y José Martí, frustrada en 1898, cuando los vecinos del Norte revuelto y brutal que nos desprecia consumaron su añejo plan de anexarse a Cuba.

Intervinieron en la guerra que siempre trataron de impedir para que Cuba no se independizara de España. Y lo hicieron cuando ya los mambises tenían prácticamente derrotados a los ejércitos de la metrópoli.

Como siempre, no escatimaron nada para lograr sus codiciados objetivos: hicieron estallar en el puerto de La Habana a uno de sus acorazados, el Maine, repleto esa noche de marines negros mientras la oficialidad blanca se emborrachaba en los bares aledaños a los muelles, y acusaron a España de su monstruoso crimen. Ya eran diestros en fabricar pretextos a partir de mentiras.

Entraron. Se apoderaron aún más del país. Impusieron una Enmienda a la Constitución de la República entre comillas e impusieron a un Presidente que hablaba mejor el inglés que el español.

Se hicieron dueños y señores de villas y haciendas, de fábricas y trenes, de barcos y centrales azucareros, de tierras y bahías, y hasta hoy mantienen una Base Naval que ya solo les sirve como campo de concentración neonazi para torturar y matar, amparados en sus leyes ultrademocráticas.

Dejamos de ser colonia de España para convertirnos en neocolonia yanqui. De un imperio en decadencia y con la Corona deshecha en pedazos, caímos en las garras de otro que emergía con mucho más poder y con joyas usurpadas en todo el orbe.

Cuba, en 1953, padecía cáncer imperial en su fase terminal. Se imponía una urgente operación quirúrgica o permitir que muriera como Nación, después de tantos y tantos años de batallas gloriosas.

¿QUÉ ERA CUBA EN 1953?

Cuba, en 1953, era un país muy similar a la inmensa mayoría de las naciones del mundo actual. Y las cifras oficiales no mienten, aunque siempre tienden a esconder verdades tras la magia de los números.

La burguesía criolla, enriquecida mientras los patriotas combatían en la manigua por la Independencia esquilmada, fue incapaz de crear nada como no fuera el engrosamiento de sus cuentas en bancos extranjeros, con todo lo que robaban al Tesoro de la caricatura de República.

Parásitos de los amos yanquis y apéndices de sus intestinos, los burgueses cubanos jamás fueron autónomos mi pretendieron serlo, porque les iba perfectamente bien con su subordinación a Estados Unidos. Y esto lo saben sin que puedan desmentirlo aquellos que se marcharon para siempre a partir del 1º de Enero de 1959 y sus amigotes yanquis, que los recibieron con gran acogida, incluidos aquellos que por sus órdenes y asesoría torturaron, asesinaron y desaparecieron a decenas de miles de cubanos, opuestos al sistema imperante.

El Estado, en su conjunto, era una oficina yanqui, sucursal de monopolios y transnacionales, en el cual mandaba más el Embajador de turno designado por Washington que el Presidente supuestamente electo o ascendido al trono mediante un golpe militar, siempre con el apoyo yanqui.

Nadie se ocupaba de nada ni de nadie. Los poderosos solo tenían tiempo para salvaguardar sus intereses y aumentarlos con cifras astronómicas.

Edificaban palacios, se apoderaban de enormes extensiones de tierras, construían clubes lujosos y prohibidos, salas de juego, cabarets y hoteles, y hasta una enorme iglesia en el residencial habanero de Miramar, con cuartos privados para el adulterio entre ricachones, y panteones ridículos y ostentosos en la Necrópolis de Colón.

¿Y el pueblo? ¡Mal, gracias!

En una población que se acercaba a los seis millones de habitantes, había 600 000 desempleados; 500 000 obreros del campo trabajaban cuatro meses al año; 400 000 obreros industriales y braceros, con ínfimos salarios que iban a parar de las manos del patrón a las del garrotero, veían sus retiros desfalcados, malvivían en inmundas cuarterías y solo tenían derecho al trabajo permanente en la vida y al descanso en la tumba.

Más de 10 000 jóvenes profesionales, entre ellos médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores y escultores, salían de las aulas con sus títulos, deseosos de lucha y llenos de esperanza, para encontrarse en un callejón sin salida.

El 85% de los agricultores pagaba renta y vivía bajo la amenaza del desalojo y 200 000 familias campesinas no tenían ni una vara de tierra, mientras más de la mitad de los terrenos cultivables estaba en manos extranjeras, principalmente yanquis, y tres millones de hectáreas permanecían improductivas.

Más de dos millones de personas de la población urbana pagaba alquileres que llegaban al tercio o al quinto de sus ingresos.

Dos millones de pobladores de zonas suburbanas y rurales carecían de electricidad.

A las escuelitas públicas de los campos asistían descalzos, semidesnudos y desnutridos menos de la mitad de los niños en edad escolar y el 90% de los niños campesinos era devorado por parásitos.

En 1953 existían en Cuba 807.700 analfabetos, para el 22,3% de la población, mientras había 10 000 maestros sin aulas. Ese flagelo fue erradicado solamente en un año, 1961, por la Revolución nacida el 26 de Julio de 1953.

En aquel año solo el 3,2% de los seis millones de habitantes alcanzaba la enseñanza media superior o bachillerato, cifra que hoy asciende al 58,9%.

La cantidad de graduados universitarios en la Cuba de 1953 era de apenas 53.490, irrisoria si se le compara con los más de 800 000 actuales. En aquella época solo existían las universidades de La Habana y de Santiago de Cuba. Hoy la universidad, vestida de blanco, de mulato y de negro, abre sus aulas en cada uno de los municipios del país, en las más altas montañas, en los más recónditos llanos, y hasta en los establecimientos penitenciarios, donde los reclusos son tratados como seres humanos.

El territorio nacional estaba electrificado a un 55,6%, en las ciudades, y hoy ese servicio abarca al 95,5% del país en su conjunto, sin que importe la distancia.

La tasa de mortalidad infantil, según dudosos datos de la época, rondaba entre el 58 y el 60 por cada mil nacidos vivos, y actualmente es inferior a seis.

Médicos, en las cabeceras de provincias y las grandes ciudades, no sobrepasaban la cifra de cinco mil. Hoy Cuba se enorgullece de haber formado a más de 70 000 profesionales de la salud, muchos de los cuales, más de 52 000, han prestado desinteresada y gratuitamente sus humanitarios servicios en 93 países del mundo, algunos de ellos con Gobiernos hostiles a Cuba.

La cantidad de maestros de Educación Física en Cuba es actualmente de 36 000, cifra superior a la de todos los docentes de todas las especialidades que existían antes de 1959.

Más de 40 000 jóvenes de las capas más humildes de América Latina, África y Asia, se han formado en Cuba como profesionales y técnicos en cuatro décadas.

Y han quedado tiempo y recursos para construir modernas industrias, carreteras, embalses, canales de riego, laboratorios, centros de investigación científica, hospitales, policlínicas, escuelas, bibliotecas, museos, salas teatrales, cinematográficas y de video, instalaciones y escuelas deportivas, aeropuertos, y mecanizar la agricultura, la pesca, la minería y otras esferas de la economía.

Todo esto Cuba ha tenido que lograrlo en medio del acoso, las amenazas, las agresiones terroristas, los sabotajes y el bloqueo económico, comercial y financiero más despiadado y largo que recuerde la Historia de la Humanidad, recrudecido por la actual administración yanqui, que se vanagloria de hablar hasta de un Plan Secreto para acabar con la Revolución Cubana.

Las intrigas mediáticas jamás han cesado desde el mismo 1º de Enero de 1959. Las presiones cada vez se han ido incrementando, al extremo de que ya no son solo los yanquis los que pretenden borrarnos de la faz del Planeta, sino sus marionetas de la Unión Europea, esas mismas que permitieron vuelos secretos sobre sus sacrosantas soberanías y que comerciaban abiertamente con el oprobioso régimen del apartheid sudafricano, mientras decenas de miles de cubanos combatíamos en tierras africanas contra el racismo y por la Independencia de nuestros ancestros.

En su alegato "La Historia me absolverá", Fidel Castro explicó con absoluta claridad toda esta situación y la necesidad que se imponía de cambiar de una vez por todas con la miseria, la desigualdad, la discriminación racial y por sexo, la prostitución, el juego, las drogas y otras lacras nacionales o importadas.

Jefe de aquellos jóvenes que para que el Apóstol José Martí no muriera en el año de su Centenario, trataron de tomar el cielo por sorpresa en Santiago de Cuba y en Bayamo, Fidel profundizó estas ideas y en unos pocos meses tras el triunfo de la Revolución fue cumplido y sobrecumplido el Programa del Moncada.

Lo que no ha podido hacerse hasta hoy, como es el caso del problema de la vivienda, responde a factores ajenos por completo a la voluntad de los cubanos. El bloqueo impide convertir muchos sueños en realidades.

Pero los cubanos no dejamos de soñar. Eso sí: siempre con un ojo abierto, porque el yanqui está ahí, a solo 90 millas de distancia o a escasos 90 metros en Guantánamo, el único lugar de Cuba donde ellos mismos violan todos los derechos humanos.

Han pasado desde aquella mañana de la Santa Ana 54 julios. Fidel fue absuelto por la Historia y los cubanos seguimos con los pies en la tierra y las manos listas para empuñar herramientas, lápices, libros y cañones, según sea el caso, con las banderas de nuestro ejemplo bien en alto, que ondean ya por otras tierras del mundo, cuyos pueblos también sueñan con la esperanza de que un mundo mejor es posible.

Pero Fidel también dijo en aquel juicio que ningún problema del mundo se resuelve por acción espontánea.

Rubén Martínez Villena había clamado en su Mensaje Lírico Civil:

"Hace falta una carga para matar bribones,
ara acabar la obra de las revoluciones;
para vengar los muertos que padecen de ultraje,
para limpiar la costra tenaz del coloniaje;
para poder un día, con prestigio y razón,
extirpar el Apéndice de la Constitución;
para no hacer inútil, en humillante suerte,
el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte;
para que la República se mantenga de sí,
para cumplir el sueño de mármol de Martí;
para guardar la tierra, gloriosa de despojos,
para salvar el templo del Amor y la Fe,
para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos
la Patria que los padres nos ganaron de pie…"

Como afirmó emocionado Fidel en un aniversario del Asalto al Moncada:

"¡Rubén, el 26 de Julio fue la carga que tú pedías…!"

Y seguimos cargando. Porque así somos los cubanos de obstinados y grandes.

 La locura fue mi salida
 Camaguey: Un pueblo en 26

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Fuente: EXCLUSIVO,
25/07/07

 
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