Contraer el VIH o Virus de Inmunodeficiencia Humana no significa tener que renunciar a la vida. Es bueno saber que las personas contagiadas con SIDA, si son aceptadas por la sociedad sin discriminación, encuentran un sentido a su existencia y un interés por sobrevivir y ser útiles.
Mientras en Cuba la Medicina está por entero al servicio del hombre, incluso más allá de nuestras costas, y la tristeza de un enfermo es el desvelo de un médico, en otros países los pacientes de SIDA pueden perder sus empleos, sus viviendas y ser rechazados por los servicios de salud, por sus amigos e incluso por su familia.
A lo largo de estos dos últimos años se ha desarrollado una Campaña Mundial contra esa enfermedad bajo el lema Estigma y Discriminación a partir de la necesidad de acabar con esta tendencia al rechazo a los aquejados, que dificulta la prevención y el tratamiento, en aquellos países donde sea posible.
Hasta cierto punto es comprensible que algunas personas enfermas o presuntamente infectadas prefieran guardar silencio ante el temor a ser relegadas.
Acaba un año en el que sin descuidar los esfuerzos mundiales por descubrir un tratamiento efectivo contra el padecimiento, murieron tres millones de personas a causa del SIDA y otros cinco millones se infectaron.
Las cifras fueron confirmadas en el informe Situación de la epidemia de SIDA, presentado la semana última por la Organización Mundial de la Salud y el Programa de Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA).
De acuerdo con el documento, 57 personas se contagian por minuto y ese número puede ser mayor en los próximos años ya que Europa Oriental y Asia Central están al borde de la epidemia, debido sobre todo a la proliferación y el consumo de drogas intravenosas.
Por otra parte en África, con una de las tasas más altas de infección, el 30% de su población vive con el VIH. De los 40 millones de personas con el virus en el mundo, 26,6 millones habitan en África Subsahariana.
Solo en esa región hay 11 millones de niños menores de 14 años huérfanos, a causa del SIDA, y se calcula que en la India vive un millón de infantes en esa condición prácticamente desamparado por la inexistencia de políticas públicas que garanticen su desarrollo en ausencia de los padres, según la UNICEF.
La mayoría de los fallecidos y millones de las personas enfermas en la actualidad, no tuvieron ni tienen la oportunidad de acceder a los costosos tratamientos para prolongar o mejorar su calidad de vida.
Se estima que menos del 5% del total de personas con la dolencia tiene acceso a los tratamientos, de modo que las nuevas terapias carecen de impacto en la epidemia global.
La mayoría de los infectados desconoce —por falta de un asesoramiento de salud— que el mal puede prevenirse.
Mientras se gastan cientos de miles de millones de dólares en guerras, unos tres millones de niños padecen de VIH/SIDA, porque sus madres no tienen acceso a los cuidados imprescindibles para evitar la transmisión materno-infantil.
Sin rostro y aprisa el SIDA se extiende por el planeta, aunque en cierta medida en los países desarrollados la enfermedad se logra controlar.
En América Latina y el Caribe se reportan 100 000 fallecimientos y 200 000 nuevos casos en lo que va de año, hasta llegar a la inquietante cifra de más de dos millones de personas infectadas en la región.
El asesor de la ONU para programas contra el SIDA en Colombia, Ricardo García, afirmó recientemente que en América Latina "la falta de equidad social y económica constituye un contexto propicio para que la epidemia alcance proporciones desastrosas en las próximas décadas".
Colombia es uno de los países de la región donde con más claridad se aprecia esa situación, pues solo nueve mil de las 40 000 personas infectadas tienen acceso a los costosos medicamentos (antirretrovirales), cuyos tratamientos son valorados en 25 millones de dólares anuales.
Frente a este panorama los pronósticos son poco alentadores: se calcula que si la situación no se revierte a corto plazo, 62 millones de personas vivirán con SIDA en el 2005, y los niños huérfanos por esa causa ascenderán a 20 millones en África Subsahariana.
¿Qué hacer para controlar una enfermedad que amenaza con devastar el llamado Continente Negro y otras zonas del planeta?
La XIV Conferencia Internacional de SIDA, celebrada en el 2002, llamó, una vez más, a los gobiernos a prestar una atención preferente al problema, pero —por las cifras conocidas— resulta claro que en la mayoría de estos no existe voluntad política para evitar una de las mayores catástrofes de la humanidad.
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Fuente: Granma, 01/12/03