Cuando Teófilo Stevenson demostró no tener contrarios en las filas amateurs, surgieron mezquinos regateadores de su grandeza clamando por una pelea con Mohamad Alí, que certificara la calidad del joven que en las Olimpíadas de Munich 72 hiciera trizas los sueños de Duane Bobbick, la publicitada "Esperanza Blanca" de la racista Norteamérica. Por otra parte, como habían aficionados que deseaban de verdad la medición entre el cubano y quien se llamó a sí mismo "el más grande", la campaña especulativa cobró fuerza.
Aprobado el singular combate por la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado (AIBA), a cuyas arcas iría a parar un por ciento de la recaudación con vistas a desarrollar el boxeo en los países con menos fuerza, se iniciaron los contactos entre Nueva York y La Habana para la que llamaron "Pelea del Siglo".
Confieso que nunca antes noté a Stevenson tan motivado. Tuve la suerte de acompañarlo en el tope bilateral Cuba-Estados Unidos efectuado en el Garden neoyorquino así como al Mundial de Belgrado, ambos en 1978; y en una y otra competencias, a las puertas mismas del frustrado match con Alí, se le observó feliz y confiado, como si para él se presentara una oportunidad largamente esperada.
LAS PRIMERAS FIRMAS
El 27 de septiembre de 1978, en uno de los varios viajes que efectuó a La Habana el promotor estadounidense Ben Thompson, se iniciaron los trámites para el duelo entre los dos colosos del ring; el cual debía efectuarse en cualquier fecha elegida por el mencionado promotor, siempre que fuera entre el primero y el 28 de febrero de 1979. Las últimas firmas para oficializar el combate se darían el 13 de octubre de 1978; y días más tarde, con el primero de noviembre como fecha tope, Thompson daría a conocer a las partes interesadas las fechas y ciudades en que se desarrollarían los carteles.
El combate debía disputarse regido por las normas de la AIBA, en cinco programas de tres asaltos cada uno, a celebrarse días alternos en cinco ciudades norteñas escogidas por Thompson. La puntuación de las peleas sería acumulativa, con un saldo final que determinaría el ganador. De producirse un nocaut o un RSC, ahí mismo terminaría el singular duelo, por el que Alí se llevaría una bolsa de tres millones de dólares y la Federación Cubana de Boxeo, que representaba a Stevenson, millón y medio.
LAS POSIBIIDADES DE TEÓFILO
No faltaron comentaristas que tildaron de arriesgado para Stevenson su enfrentamiento con Alí; criterio que nunca compartí, no obstante reconocer todo lo grande que entre las cuerdas fue el campeón olímpico de Roma 60.
Alí fue lo que se dice un elegido para el boxeo. Apoyado en el instinto que suele caracterizar a los grandes, con una velocidad asombrosa en piernas y manos, fue lo que suele llamarse un fuera de serie. No tenía en su pegada la dinamita que poseyeron Jack Dempsey o Rocky Marciano, ni tampoco la del fabuloso Joe Louis, no por gusto apodado el "Bombardero de Detroit", pero hacía daño con sus combinaciones de golpes que sabía colocar allí donde más vulnerable era su adversario.
Mas, no debe olvidarse que ya en 1979 comenzaba el descenso de Alí. Recuerdo que el 15 de febrero del 78, Mohamad perdió en 15 asaltos con el mediocre León Spinks, quien apenas efectuaba su octavo combate profesional tras haber ganado el título semicompleto dos años atrás, en los Juegos Olímpicos de Montreal. Le ganó la revancha a Spinks y, tras un bien aconsejado descanso, retornó en 1980 para perder por abandono ante Larry Holmes. Catorce meses después daba su adiós definitivo al pugilismo al perder en Nassau con Trevor Berbick, un corista más en el mundo de lo que alguien llamó "deporte de las narices chatas y orejas de coliflor".
En contraste con este descenso, hago la salvedad de que en 1980, en Moscú, Teófilo ganó su tercer título olímpico, triunfo muy significativo a la hora de valorar sus posibilidades reales ante el decadente Alí.
FALTARON A LA CITA LOS REPRESENTANTES DE ALI
Waldo Santiago, por esos días presidente de la Federación Cubana de Boxeo, afirma todavía hoy que de no haberse apreciado grandes posibilidades de triunfo a favor de Stevenson, jamás se habría pactado el combate. Teófilo ejecutaría parte de su preparación en México, no sólo por las ventajas de la altura, sino también por la posibilidad de contratar pesos grandes profesionales que le ayudaran en las sesiones de sparring, trasladándole algunos de los secretos y triquiñuelas del boxeo rentado.
Llegó el 13 de octubre de 1978, día señalado para las últimas firmas y dar a conocer las ciudades escogidas como sedes, así como otros detalles; pero los representantes de Alí no acudieron a la cita programada para La Habana y se malogró "La Pelea del Siglo", sin que nunca trascendieran las razones por las cuales quienes manejaban a Mohamad tomaron tal decisión.
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Fuente: EXCLUSIVO, 23/05/07