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Año XI  22/12/2011 17:29 "Año 53 de la Revolución"

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HISTORIA

 
     
 
Síntesis del Ensayo "Nuestra América" de José Martí
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El contenido del Ensayo "Nuestra América" está presente en gran parte de la totalidad de la obra de "José Martí", pero es en él donde aparece sintéticamente sistematizado. Un discurso pleno de humanidad, fundado en la revelación del ser de Nuestra América y en propósitos políticos-culturales de largo alcance y proyección social. Sencillamente, "ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con las copa cargada de flor, restallando o zumbando, según lo acaricie el capricho de la luz, o la tundan o talen las tempestades; ¡ los pueblos se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!. Es hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes".

La revelación del ser de Nuestra América, y su latinoamericanismo se concretan realmente con el antimperialismo martiano. La presencia del imperialismo norteamericano deviene antítesis de la eficaz realización del "hombre natural" y de la América Nuestra. Es necesario unir fuerzas y lograr el equilibrio para lograr nuestra propia existencia independiente como pueblos.

El ensayo "Nuestra América", con una escritura que "ve con las palabras y habla con los colores", temátiza un discurso suscitador de múltiples aprehensiones de índole identitaria. Aprehensiones donde cultura y política se despliegan en unidad inseparable. Para el Maestro, la política es una zona de la cultura y fructifica cuando se afinca en las raíces con vocación ecuménica. "La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales — enfatiza Martí- han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas".

No hay en Martí regionalismo estrecho, antinorteamericanismo, antieuropeísmo. Hay, simplemente, latinoamericanismo que se resiste, y lucha por no ser eco y sombra de culturas exógenas. Un latinoamericanismo que defiende la cultura del ser, como condición de su universalidad. Martí no admite ni concibe la universalidad de Nuestra América como un proceso de inserción de lo propio a lo otro. Revela la universalidad por la creciente humanidad del hombre natural, concretada en su cultura de resistencia. En su filosofía, la universalidad de la cultura de nuestra América, deviene de su ser esencial, como parámetro legitimador de su autotenticidad. Por eso exige pensar nuestra realidad por y desde nosotros mismos. En su concepción, "no hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza (...) El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país."

Si ciertamente la toma de conciencia latinoamericana posee toda una historia, con cauces definidos en la primera mitad del siglo XIX, es indudable que la contribución martiana resulta novedosa. "Fue el cubano José Martí- escribe Noel Salomón- sin duda alguna, el primero que construyó línea a línea, una teoría consecuente y coherente de la personalidad hispanoamericana capaz de afirmarse por sí misma, ajena a los modelos exteriores, antes de la hora de las profesiones de fe latinoamericanas del "arielismo-modernismo", de 1900 (José E. Rodó en Ariel, Rubén Darío en Cantos de vida y esperanza). De José Martí data, en verdad, la "toma de conciencia" que ha derivado, en relación con un vasto movimiento histórico (de la revolución mexicana a la revolución cubana y a las nuevas formas de los movimientos liberadores de hoy), hacia las grandes corrientes culturales e ideológicas discernibles en el siglo XX en la superficie del inmenso fragmento de tierra de allende el atlántico.

El ensayo "Nuestra América, (1891) constituye una síntesis concreta, de la revelación de nuestro ser esencial y sus formas aprehensivas (sentimientos y conciencia histórica). Es un manifiesto-programa del ser existencial de nuestra América incluyendo sus perspectivas de desarrollo. Es un programa científico de lucha, cuyo paradigma prefigurante se mueve ante dos alternativas: ser o no ser. Pero afirmando el primero (ser) con optimismo se despliega un discurso con gran hondura, vuelo teórico y previsión fundado en premisas reales. Es un compendio creador de la identidad nacional de nuestros pueblos y las formas y medios para preservarla y enriquecerla. Es la autoconciencia de nuestra América mestiza, con sus culturas nacionales, henchida de vocación de universalidad, que preludia como ideal la América nueva.

Una América nueva, que aunque proyectada como deber-ser- Martí está consciente de ello y de los prejuicio y peligros que la median- se funda en premisas reales. Es un humanismo utópico realista que asumiendo la identidad en la diferencia, tiene como raíz central la dignidad plena del hombre y la bondad que le es inmanente al hombre natural. En su concepción político-cultural —humanista en esencia-, "se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad".

Este humanismo se proyecta así porque Martí cree en el hombre y en los pueblos, premisa sin la cual resulta estéril cualquier teoría social, o proyecto emancipador. Sin embargo, establece mediaciones, pues si bien impugna el "azuzar a odios inútiles —refiere al adjetivo inútiles- también propone una picota" para quien no les dice a tiempo la verdad. En su lógica discursiva exige concreción, establece diferencias. Es la bondad afirmada en la dignidad y la justicia. Ya ética y política marchan unidas, ideología, ciencia y humanismo sirven de pivote a su teoría social. Bien, verdad y belleza pensados culturalmente no resultan arquetipos de la realidad, sino expresiones reales y contradictorias del ser esencial en que se funda la identidad.

Una identidad propia, forjada en la historia y con sujeto reales, (hombre natural) cuya existencia implica asumir creadoramente lo nuestro y no aferrarse a modelos extraños que en realidades nuevas envilecen y desvían. Lo nuestro, lo autóctono, lo legítimo, en tanto expresión de nuestra existencia real es fuente de progreso y creación. No se trata de nacionalismos regionalistas, ni negación nihilista de la cultura y los valores universales. Se trata de asumir creadoramente todo lo útil y productivo, pero con bases nuestras.

Estas nuevas ideas en sistema, enunciadas ocasionalmente en trabajos anteriores, en "Nuestra América", se integran a un cuerpo teórico ideológico sintetizador. Resumen etapas transitadas y abren perspectivas nuevas. Para Martí, la situación real de nuestra América; el carácter débil de las repúblicas surgidas, el mimetismo imperante en los gobiernos y el peligro del imperialismo para la independencia, exige indefectiblemente la remisión a la historia, a la tradición y a todos los componentes estructurales que conforman la identidad nacional de los pueblos de Nuestra América. Es necesario el estudio de los factores reales del país. "Conocer es resolver. Conocer el país y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías", porque de lo contrario "....viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se la administra en acuerdo con las necesidades patentes del país".

Nuestra América, como ensayo- resumen de la teoría sociofilósofica de Martí, en torno a la identidad latinoamericana, constituye un programa rector del quehacer, de nuestros pueblos, y al mismo tiempo instrumento desmistificador de conciencia y conceptos y prejuicios obsoletos.

De modo elocuente muestra la necesidad de partir de nuestra realidad, de conocerla y asumirla como creación nuestra y base del porvenir, pues "ni el libro europeo, ni el libro yanki, daban la clave del enigma hispanoamericano... Los jóvenes de América entienden que se imita demasiado y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación".

En Martí, crear, cultivar "la semilla de la América nueva deviene imperativo ineludible del espíritu americano, pues "el tigre espera detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina". Es hora ya porque el tiempo apremia, y no es posible dejar de ser, que "lo que queda de aldea en América despierte..." Estos tiempos no son para acostarme con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada.... las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra".

El propio ensayo "Nuestra América", resulta trincheras de ideas en tanto síntesis teórica que fundamenta el lugar de Hispanoamérica en el continente. Es una teoría crítica, que recorriendo la historia y afincada en nuestra cultura presenta un proyecto de afirmación y rescate de la identidad de nuestros pueblos. Proyecto que nace de toda una experiencia rica vivida por Martí en América Latina y en los Estados Unidos.

En marcada síntesis se despliega la teoría filosófica social de Martí en la revelación de nuestra América. Hace gala de erudición y previsión políticas al criticar los modelos liberales de las repúblicas latinoamericanas y la ineficacia de sus proyectos. Critica el mimetismo copista y exige adecuar los proyectos a nuestras realidades, pero no a través de una lógica externa que obligue a la realidad a corresponder con ella, sino a la inversa. "La incapacidad —señala Martí no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los E.U. de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es —enfatiza Martí- allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y como puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas.

No se trata de una reflexión pasajera. En trabajos anteriores la idea vibra y está latente, pero aquí se inserta en el cuerpo teórico de su teoría social, incorporando nuevas definiciones de cómo debe regirse y desplegarse nuestro ser existencial latinoamericano en su identidad en sí y como agente y sujeto.

Nuevas realidades, experiencias, contextos, cambios y transformaciones se han sucedido. Su humanismo revolucionario independentista en despliegue constante, deviene conciencia crítica de la esencia misma de los modelos liberales que se han impuesto en nuestras repúblicas. El hombre "natural", nuestros pueblos oprimidos, por derecho deben ser dueños de su destino. Destino que debe forjarse en nuestros propios esfuerzos. El espíritu de acá, hacedor, creador, y digno debe fundarse en su propia obra si no quiere sucumbir. Y este es el gran legado que hace de "Nuestra América", trincheras de ideas. Trincheras de ideas, devenidas autoconciencia teórica de la identidad de la América nuestra, en un momento crítico de la historia.

En este sentido, el artículo Nuestra América, compendia y sintetiza una historia, una cultura, una política, que insertadas en una teoría filosófica social de la revelación de nuestro ser esencial, expresa también un momento cumbre de radicalización del teórico-ideólogo que le dio realización concreta. En "Nuestra América", latinoamericanismo, antirracismo y antimperialismo se funden indisolublemente y dan coherencia y organicidad conceptual a la teoría sociofilosófica más avanzada de su tiempo latinoamericano. Su trascendencia y contemporaneidad dimana de su propia función: ser autoconciencia del ser esencial de los pueblos de nuestra América, en tanto lógica dimanante de su realidad concreta en sus múltiples mediaciones, determinaciones y condicionamientos.

En "Nuestra América" el pensamiento de José Martí adquiere diversas concreciones, sin embargo, existen dos determinaciones concretas que lo integran, sintetizan y definen en tanto tal su discurso creador. Merefiero a: 1) la revelación de Nuestra América; 2) al despliegue de su pensamiento en la comprensión y tematización de la subjetividad humana, incluyendo la axiología, en tanto núcleo fundante, y los atributos cualificadores en que deviene en el movimiento sociohistórico-cultural.

El paradigma martiano y el ideal de racionalidad que le es consustancial tiene su primera concreción en la revelación de "nuestra América", cuya expresión sintética se encarna en el ensayo homónimo del Maestro. Esta obra, resultado de todo un proceso de desarrollo de su pensamiento, deviene lógica, conciencia histórica y más aún autoconciencia de nuestra América, de su cultura, en la más amplia acepción del concepto. México, Guatemala, Cuba, Venezuela y otras realidades nuestras estudiadas por José Martí, incluyendo los Estados Unidos, constituyen el objeto central, en torno al cual su pensamiento se desenvuelve y concreta, hasta afirmarse como autoconciencia o "ser consciente" de la realidad de nuestra América, y la razón de su identidad y autoctonía propia.

A partir de un discurso, devenido "letra con filo", y capaz de cincelar con expresiones poéticas, con un estilo que en el decir de Sarmiento, en español no tiene igual, "a la salida de bramidos de Martí", el Maestro penetra en la realidad americana, consciente que sólo lo genuino es fructífero y que la América nuestra es la esperanza de la humanidad. A ella se orienta con pupila crítica, a revelar el ser existencial de nuestra América, su grandeza, exuberancia y valores, que es al mismo tiempo, rescatar su memoria histórica, su confianza en sí misma, su identidad como fuerza fundadora, catalizadora de energías y creación para realizarse como pueblo libre y próspero en el concierto mundial de las naciones.

Su pensamiento, encarnado como conciencia histórica del ser de nuestra América y de su cultura posee un carácter sintético- integrador. Es un ideario, una lógica concentrada de ideas y conceptos en torno al hombre y a la realidad social latinoamericana. Las imágenes — muy propias de su estilo- además de ser destellos de su imaginación y sensibilidad creadoras, emanadas de la realidad y la actividad social, son ideas aprehensivas de la razón que captan esencias. Ideas que en su contenido integran en síntesis conocimientos y valor y en el discurso siempre impregnan y despliegan espíritu cogitativo porque revelan esencias en el devenir humano. Esencias que no resultan de poner como a priori las ideas a las cosas, sino las devela y descubre, porque las ideas, en Martí, dimanan de la realidad en relación con el hombre.

La revelación de nuestra América en el pensamiento filosófico — social de Martí, no se reduce sólo a fijar la memoria histórica, a descubrir la fuerza telúrica de su identidad, sino además a develar todo lo que se opone a su realización efectiva. Tanto en lo interno- el caudillismo, el mimetismo — como en lo externo — el imperialismo que acecha — son descubierto por Martí, como antítesis del ser esencial de nuestra América.

En la vasta obra de Martí domina un sentido de futuridad que guía una perpetua tendencia hacia el deber — ser, como progresión y perfección humanas. Precisamente este motivo central que lo anima y hace trascedente y siempre contemporánea su obra, encuentra medios idóneos de realización en los valores, en tanto definen y expresan con más sustancialidad la naturaleza humana, el verdadero sentido de la vida, en fin, la humanidad del hombre en su magnánima espiritualidad.

La trascendencia de su obra fundadora, reside en gran medida en sembrar y cultivar utopías y encontrar en los valores humanos cauces necesarios para su acercamiento a la realidad. Valores cimentados en la realidad y la acción comunicativa y no en procesos mentales puros.

Hay en Martí un corpus idearum muy propio y específico, a través del cual piensa al hombre y la realidad. La axiología, integrada en él, como su núcleo, deviene vía cultural de realización social, pero no como patrón inmóvil al margen de las tradiciones culturales concretas, sino como modelo que norma y regula insertado en la cultura propia. Por eso su humanismo se constituye en paradigma de nuestros pueblos. Pero antes, su hacer fundador se afincó en la realidad de nuestra América, incluyendo su memoria histórica, la idiosincrasia del hombre americano y del cubano en particular. El, el Maestro, está consciente que la humanidad del hombre que busca, la identidad humana, sólo es posible por medio de la realización cultural de los valores, incluyendo los ideales, que acicatean la acción humana.

La asunción martiana de los valores en su naturaleza cultural de realización, impregna en su concepción historicidad, carácter procesual, concreción y actualidad. Con ello, Martí sienta una premisa esencial: la necesidad de afincarse en las tradiciones culturales como medio de vincular los valores hacia su encarnación real como norma de conducta y de convivencia humana y social. Estas ideas martianas, siempre explícitas y subyacentes en su obra, en su discurso, en su espíritu general, requieren de reflexiones profundas.

Al mismo tiempo su concepción de los valores, dimana del propio espíritu dialéctico que lo anima, lleva implícito su constante superación, en correspondencia con nuevas mediaciones que tienen lugar en su proceso evolutivo. En su etapa de madurez, a finales de la década del 80 y el primer lustro del 90 del siglo XIX, en la medida que su humanismo descubre la naturaleza del imperialismo y penetra más profundamente en el terreno de las clases, su concepción de la subjetividad humana y los valores, deviene más concreta. Asume nuevas aristas, establece diferencias específicas y el discurso se tematiza con nuevos matices. En fin, su radicalización política marcará nuevos derroteros de vital importancia, tanto desde el ángulo propedéutico como heurístico, en el abordaje, búsqueda y solución de los problemas.

Es indudable el carácter fundador de la obra martiana. Su obra emerge como autoconciencia de una época y una cultura de transición constante. Ella misma lleva en sí, el tránsito perpetuo hacia nuevas calidades de la sociedad. Concreta en su síntesis, tradición, historia y cultura para abrirse con fuerza indetenible hacia la contemporaneidad. Como obra de su tiempo no dio solución a todos los problemas emergentes, pero abrió nuevas vías de acceso. Como partió de las raíces y puso su pensamiento y acción en función de ellas, con vocación de universalidad y visión auroreal, abrió "caminos al andar" a las sucesivas generaciones con su concepción del devenir humano como expresión cultural, como magna empresa de las grandes masas, y en particular de los pobres de la tierra. Su ideal de racionalidad sentó nuevas perspectivas y cauces de realización efectiva.

En los momentos actuales, cuando el escepticismo histórico cunde y pulula en la arena internacional, cuando no faltan los intentos de negar la historia, los valores, la cultura, la tradición, la razón, los proyectos de emancipación social y el progreso, la racionalidad se impone como necesidad de preservar no sólo la identidad nacional, sino también la identidad humana. En tales condiciones, el paradigma martiano y el ideal de racionalidad que le es consustancial, adquieren más que nunca contemporaneidad y vigencia social.

Su pensamiento — una eterna poesía de amor, de lucha, de dación humana y consagración social — continuará alumbrando el camino del hombre. Su desbordante espiritualidad seguirá siendo fuente nutrícia de aprehensiones y sueños, ¡ Con luz de estrellas!

Fuente consultada: Textos Martianos Breves, Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 1979.

 
 
 
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