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Carlos Pascual, embajador estadounidense en México.
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Este jueves casi toda la prensa impresa de México amaneció reproduciendo las recientes declaraciones del embajador de Estados Unidos en ese país, en las que auguró que la crecida de los océanos a consecuencia del cambio climático borrará de la faz del planeta a Cuba y con ello desaparecerán los problemas de su país con la isla rebelde.
No nos tenemos que preocupar mucho en Estados Unidos sobre Cuba porque el medio ambiente va a eliminar el problema político por nosotros, dijo Carlos Pascual, según la versión del diario El Universal más o menos similar en los demás medios de ese país y también en la agencia española EFE.
Durante su participación en la Expo Negocios Verdes, organizada por el Tecnológico de Monterrey, el diplomático afirmó que en el curso de los próximos 50 años la faz de la tierra podría cambiar y muchas ciudades o países desaparecerían bajo el agua
Seguidamente, el representante del imperio añadió otro pujo (mal chiste en buen cubano) para congraciarse con los asistentes a la cita en el rico estado industrial asentado en parte del territorio arrebatado por la fuerza al vecino del sur.
"Bueno, a lo mejor Fidel Castro puede vivir otros 50 años y tiene unos poderes que ni le conocemos hasta ahora y a lo mejor es ahí entonces donde vamos a resolver el problema", remató.
Para algunos, la broma resultó risible, para otros, demasiado irresponsable, tratándose de un asunto tan serio como el peligro real que representa para los estados insulares el crecimiento del nivel de los mares, una consecuencia del deshielo de los casquetes glaciares motivado principalmente por el incremento de las temperaturas terrestres.
Los daños que pudieran provocar tal fenómeno climatológico, derivado del calentamiento excesivo del planeta por efecto de la emisión descontrolada de gases contaminantes a la capa de ozono, afectarán indudablemente a decenas de países de costas bajas, islas en su mayoría, desde las más cercanas al continente blanco hasta las del extremo sur, que incluye al Caribe y La Florida.
Increíble que se intente bromear con la real catástrofe que amenaza a varias decenas de millones de personas, uno de los problemas que ocupan y preocupan a organismos internacionales, científicos, ecologistas, políticos y personas responsables, sabedores de que falta tiempo a la ciencia para amortiguar las causas de este fenómeno cuyo desenlace fatal agravará más temprano que tarde los grandes retos que tiene ante sí la especie humana.
Irrita, además, que la burla provenga del representante del poderoso país que tiene la mayor responsabilidad con los daños causados al medio ambiente y a los ecosistemas mundiales, el principal depredador de la naturaleza con su absurdo modelo de consumismo y derroche de los recursos naturales.
Como se sabe, Estados Unidos se ha empecinado en no firmar el Protocolo de Kioto de 1992, burló a la opinión pública y saboteó la Cumbre Mundial de Copenhague , evadiendo la alta cuota de responsabilidad que le corresponde como primer destructor de la naturaleza y el clima mundiales y, además, acaba de auspiciar sanciones de rebajas sustantivas en ayuda al desarrollo de países emergentes como Bolivia, Ecuador y Venezuela en represalia con quienes le acusan de faltar a su deber con la humanidad.
Las irresponsables expresiones del señor Carlos Pascual hacen creer que el gobierno de Estados Unidos sigue pensando en sus vecinos del sur como hace dos siglos, cuando con pretextos baladíes se apropiaron de dos terceras partes del territorio de México y retuvieron a Puerto Rico, al igual que se las ingeniaron para intervenir repetidas veces en Nicaragua, Haití, Panamá, Santo Domingo o Granada.
No es de extrañar, ante tan ilógico razonamiento, que pretendiesen crear fuerzas especiales de intervención para imponer el orden ante poblaciones insulares aterradas por la creciente de los mares.
Tampoco es extraño pésimos augurios en esa empresa, ahí están la ineficiencia demostrada por el contingente de militares norteamericanos desembarcado en Haití, incapaz de imponer el orden con fusiles ante una población sedienta, con hambre, sin techo para cobijarse, sepultada bajo escombros y traumáticamente herida a consecuencia del violento sismo de enero pasado.
En el caso de Cuba, según atestiguan esas palabras del señor embajador en México, más que la broma de mal gusto, como amablemente la calificaron los rotativos de la nación azteca, le salió el odio visceral que confía en que la implacable fuerza de la naturaleza pudiera resolver lo que la torpeza política y la violencia injerencista aplicada en todas sus formas, durante diez adminstraciones, no ha podido dilucidar.
Tales palabras son, de hecho, una confesión de impotencia para lograr los fines que hubieran deseado (que la isla no saliese del redil de ovejas obedientes) e invocación a los poderes sobrenaturales o divinos para cumplimentar esos propósitos.
Como lo demuestra la historia, el fracaso de hallarle solución al problema que ellos mismos crearon al negarse a reconocer la voluntad soberana del pueblo cubano no se debe a los atribuidos superpoderes de Fidel Castro, sino a la sagrada herencia que nutre a la Revolución victoriosa que él encabeza durante más de medio siglo y a la firmeza de los principios de soberanía y justicia social que los cubanos defendemos contra vientos y mareas imperiales.
OCUPADOS Y SIN FANFARRIA
Con independencia de la burla del embajador, supuestamente experto en problemas ecológicos y de clima, y sin esperar a sus consejos para que los países elaboren una estrategia global y local que haga factible la inversión extranjera (norteamericana ante todo, por supuesto) en los territorios amenazados, las autoridades cubanas hace varios años se vienen ocupando del estudio de la elevación del nivel del mar, las sequías y otros problemas derivados del cambio climático y las variantes para su enfrentamiento.
En diciembre pasado, la Asamblea Nacional del Poder Popular escuchó las consideraciones al respecto del Presidente Raúl Castro, en las que anunció decisiones de un programa integral de la nación que incluye un conjunto de medidas sobre peligros y vulnerabilidades costeras para los años 2050-2100 para contrarrestrar los efectos de estos fenómenos en los planes de desarrollo estratégico.
"El problema es preocupante y conlleva consecuencias concretas, no es cuestión del futuro, es ya del presente", sentenció Raúl ante los diputados.
El asunto es bien serio, requiere inteligencia y previsión, compromiso y cooperación más que escarceos superficiales para ganar titulares en tribunas públicas, tal como parece encararlo el embajador de Estados Unidos ante empresarios y representantes de la prensa impresa mexicana.
En cuanto a Cuba, si algún día no se pudiera evitar los efectos de lo que la evolución de la tierra en esta parte del mundo ya conoció hace millones de años, es de suponer que ni el terror ni la imprevisión sorprenderían a nuestra población que estaría preparada y protegida con los recursos al alcance de todo ser humano.
En última instancia, otras formas de vida podrán emerger, pero también es casi seguro que se haga realidad lo que José Martí pronosticó para este archipiélago, cuando luchaba por su independencia de España, al decir que antes de volver a ser esclavos, primero se unirán el mar del norte y del sur y por debajo del océano nacerá un huevo de serpiente.
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Fuente: EXCLUSIVO,
30/04/10